Liga de Baloncesto da a confinados oportunidad para rehabilitarse
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Cuatros confinados puertorriqueños aprovechan el tiempo que les queda para salir de prisión y competir en un deporte que les vio desarrollarse cuando pequeños antes de la "mala vida": en una cancha de baloncesto de una liga de baloncesto local.

Y es que por segundo año seguido, el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) de Puerto Rico y la Liga de Baloncesto Puertorriqueña (LBP) llevan a cabo esta iniciativa, con el fin de que varios reos representen a un equipo y se integren al torneo.

Para ello, la LBP estipuló varias reglas, entre ellas, que los confinados tengan potencial de jugar baloncesto competitivo, estén recluidos en zona de mínima seguridad, sean miembros del programa de alto rendimiento, ostenten buena conducta en la prisión y que la cárcel quede cerca del municipio del equipo que representará.

Y entre esos cuatro confinados que compite en la temporada 2019-2020 es Ángel Luis Polaco Pizarro, de 32 años, y único preso que juega por segundo año seguido en la LBP, específicamente con los Cocoteros de Loíza, dirigidos por Gary Williams.
En entrevista con Efe, Polaco destacó la iniciativa de la LBP por la oportunidad que le dan a él y a los demás confinados, Jocner Martínez Correa, de 33 años; Armando Ayala Prado, de 29, y Luis Andújar Robles, de 24.


"La Liga ha hecho una gran iniciativa, de la cual se le da las gracias. Son puertas que se me abren y espero que se le abran a otros más, para que tengan la oportunidad de pasar por una serie de prácticas e incorporarse al programa de alto rendimiento de Corrección", afirmó Polaco.

"Principalmente para mí es un privilegio y un honor el estar jugando en las canchas nuevamente que me vieron crecer. Este seguimiento es gracias a la concienciación pese a las situaciones que pasé", agregó el reo de la cárcel El Zarzal en Río Grande (noreste).

Polaco, de 1'95" de estatura, contó que ha practicado el baloncesto desde pequeño en la escuela pública.

Por su eficiencia deportiva fue reclutado para jugar en el Colegio Saint Francis en Carolina y luego en el Colegio Bautista de Caguas, ambos municipios cercanos a San Juan.

En la segunda institución jugó junto al miembro de la selección de baloncesto de Puerto Rico David Huertas y los exintegrantes del seleccionado Ricky Sánchez y Peter John Ramos.

Igualmente, por su potencial deportivo jugó en las Ligas Sub-21 y Sub-25, ambas en la isla.

Sin embargo, por no escuchar "miles de consejos", según admitió Polaco a Efe, cayó en la trampa de los problemas sociales que arropan a cientos de adolescentes y jóvenes en Puerto Rico.

"Esto es un proceso que es bien tedioso... sufre la familia. Iba por buen camino, pero en un momento de mi vida tomé una mala decisión", relató.

"Solo hay que ser sabio, tomar una buena decisión y no permitir que las circunstancias de la vida te fallen. Yo corrí con suerte. Puede haber terminado peor", admitió.

Por su parte, el técnico de los Cocoteros, Gary Williams, aplaudió la iniciativa de la LPB y el DCR.

"Encuentro que es buenísimo, porque ellos se entusiasman más porque salen a la calle, aunque sea por dos o tres horas, y por lo menos Polaco la están aprovechando al máximo", afirmó Williams a Efe.

Tan bueno es el potencial deportivo de Polaco que Williams contó que un equipo en el Baloncesto Superior Nacional, la principal liga en Puerto Rico, lo quiso contratar.

Para entrevistar a Polaco, Efe llegó hasta la cancha Rafael Amalbert, en Juncos (sureste), donde se enfrentarían los Valencianos de Juncos ante los Cocoteros.

Y hasta allá también llegó la madre de Polaco, María Pizarro, desde Syracuse, Nueva York, donde reside.

Dicho gesto, Polaco lo resaltó.

"La familia es el apoyo incondicional y la base primordial en lo que es el seguimiento y el esfuerzo de querer echar adelante", afirmó.

La LBP es una liga aficionada/semi-profesional o una "plataforma de desarrollo y exposición", según explicó a Efe el director del torneo, William López.

"Estamos bien comprometidos con el proceso de poder encaminar a estos jóvenes que no tienen la oportunidad de no llegar al BSN o no poder ser vistos como profesionales, de tener una alternativa en el baloncesto o hacerlos personas de bien", dijo.

"Nosotros oficialmente llegamos con un acuerdo colaborativo para que más de dos confinados puedan integrarse a la liga y tener una forma de ellos reinsertarse en la sociedad y de ir encaminando su vida y que al salir, tengan mejores oportunidades", agregó.

El desarrollo en la LBP se ha comprobado, pues tres jugadores que jugaron en la primera edición, posteriormente fueron contratados para jugar en el BSN o en alguna liga en el exterior.

 

EFE


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