CUANDO LA JUSTICIA SE CONVIERTE EN ENTRETENIMIETO
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CUANDO LA JUSTICIA SE CONVIERTE EN ENTRETENIMIETO
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El 9 de marzo de 2010 la vida de Lorenzo González Cacho se apagó.  El niño tenía tan solo 8 años.  Según transcurrieron los días la información relacionada a la muerte del pequeño comenzó a acaparar los medios y la declaración inicial de que la muerte había sido provocada por un accidente al caerse de la cama, se fue transformando en una historia digna del más macabro guión cinematográfico. 

Desde el inicio, lo que debió haber sido tratado como una investigación policiaca se convirtió en el entretenimiento de la mayor parte de los puertorriqueños.  De más está decir que las irregularidades en el manejo del caso fueron innumerables. 

La doctora Mildred Boschetti, quien atendió al niño cuando llegó al hospital dió detalles de la muerte violando los cánones de ética, la Secretaria de la Familia para ese entonces Yanitsia Irizarry reveló que Ana Cacho era sospechosa de la muerte de su hijo, la fiscal de la investigación en aquel momento, Mariela Santini, avaló el que los padres de Ana Cacho limpiaran la escena del crimen y dispusieran del colchón lleno de sangre de la víctima.

Todos estos detalles iban presentándose ante los ojos del pueblo puertorriqueño, no como datos de una investigación de un caso de un asesinato, si no como los capítulos de la telenovela de turno.  El 8 de marzo de 2016, seis años después del asesinato del niño Lorenzo, se radicaron cargos contra Luis Gustavo Rivera Avilés "El Manco", quien desde el 9 de agosto de 2010, a tan solo meses del asesinato, había sido mencionado como sospechoso del macabro crimen. Es imposible ver el caso de Lorenzo González sin pensar en el caso Vigoreaux-Echevarría.  En ambos casos, desde el dia uno se dieron infinidad de irregularidades, ambas acusadas eran mujeres, y los dos asesinatos se convirtieron en el entretenimiento de las masas mientras duró el caso. 

En el caso de Echevarría básicamente se condenó a la actriz con el testimonio bajo inmunidad de un delincuente aun cuando el otro acusado junto a Echevarría, David Lopez Watts, insistía en que nunca había conocido a la actriz personalmente y que él era inocente del asesinato del afamado productor.   Cabe señalar que a Lydia Echevarría se le acusó en dos ocasiones por el mismo crimen, pero con diferentes cómplices.  En la primera ocasión con los hermanos Guadalupe, y en la segunda ocasión con David López Watts.  En ambos casos era entendible el dolor del pueblo puertorriqueño por la pérdida de ambas víctimas, una por ser un niño pequeño y el otro por ser una muy querida figura del mundo artístico local.

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 En ambos casos era totalmente comprensible el interés de que se encontrara al culpable de tan horrendos crímenes, pero también era importante que pensaramos en el derecho de los acusados a tener un "juicio justo e imparcial".  ¿Es posible tener un juicio justo e imparcial cuando una investigación criminal se convierte en la base para la creación de infinidad de historias que se reproducen con el fin de generar "ratings" y vender revistas y periódicos?  ¿Cuándo el público pierde la noción de cuales son detalles reales de la investigación y cuales son historias tejidas en la mente de un periodista sensacionalista o de un productor de programas de chismes? 

De la misma manera la libertad de prensa es un derecho garantizado por la Constitución, y no puede quedarnos duda que gracias al rol del periodismo se ha logrado que grandes conspiraciones hayan sido reveladas como en los casos de Watergate y El Cerro Maravilla; ¿pero dónde está la raya que separa el periodismo investigativo del chisme y el entretenimiento?  No puedo olvidar que durante el caso de Lydia Echevarría uno de los más importantes rotativos del país tenía en su portada una foto tomada de una telenovela de la actriz riéndose mientras el titular leía: "Lydia se reía mientras lo apuñalaban" y en una de las revistas de farándula mostraban una foto de Echevarría hundiéndose en arena movediza que pertenecía a una escena de la telenovela "Vivir para ti" donde la actriz interpretaba a una villana a quien le asesinaban a su esposo.  ¿Dónde terminaba la ficción y comenzaba la realidad?  ¿Dónde acababa el rol de informar y empezaba el de entretener?  Hoy, cientos de personas piden el regreso de "La Comay" para que se resuelva el caso

.  ¿Acaso La Comay no fue una de las principales gestoras del drama macabro de este caso donde mantuvo alto rating durante años a costa de una tragedia familiar?  ¿Por qué si Kobbo Santarrosa poseía pruebas incriminatorias contra Ana Cacho nunca las presentó durante los más de dos años que sacó provecho a los ratings que le traía la discusión del caso Lorenzo?  ¿Por qué hoy el Sr. Santarrosa no presenta las supuestas pruebas que liberarían al Manco de la responsabilidad de la muerte del pequeño?  Hoy vemos como las redes sociales se han inundado de insultos contra Ana Cacho, y de "abogados cibernéticos" que aseguran la inocencia de El Manco. 

El circo ha llegado al punto que un "supuesto narcotraficante" amenaza de muerte a Ana Cacho si no confiesa el asesinato y peor aun hay miles de personas que apoyan la gestión de alegado narco.  Es entendible que haya una gran decepción de la ciudadanía hacia el sistema judicial de nuestra isla, pero debemos preguntarnos si realmente nos interesa que se haga justicia o si lo que queremos es seguirnos entreteniendo con la tragedia de la familia González Cacho.  Hoy vi una columna de una reconocida periodista de farándula de la isla contribuyendo a la especulación y hasta en cierta medida justificando todo el rol de "La Comay" en la desinformación y el drama macabro y sensacionalista que se creó en torno a este asesinato.  Creo que ya es tiempo de que los ciudadanos y la prensa de nuestro país entiendan que la justicia tiene que estar en manos de los juristas y no podemos convertir la justicia en entretenimiento. 

Estamos hablando de la tragedia de una familia, de la muerte de un niño, de unas niñas separadas de su madre y sus abuelos maternos, de unas menores que nunca van a poder llevar una cida normal, no estamos hablando de los personajes de una telenovela.  Si Ana Cacho fue negligente, eso es harina de otro costal, pero por favor acabemos de entender que los procesos judiciales no son ni deben ser nunca entretenimiento.  Invito a mis compatriotas a dar el espacio a que se desarrolle la investigación, se presenten las pruebas, y dejar en las manos de los fiscales, los jueces, los abogados y el jurado la determinación de culpabilidad o inocencia de El Manco.  Por otro lado les recuerdo a los miembros de la prensa que su responsabilidad de informar y educar a un pueblo en casos como este tiene que ir por encima de su interés de entretener y lograr acaparar los "ratings".

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