¡HACE TIEMPO NO LO VEÍA!
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Muchos lo conocen de vista. Lo han visto caminando por varias calles de la Isla desde pueblos en el Este hasta San Juan, siempre con un carrito de compras, varios letreros escritos por él y una cruz. Suele pararse en algunas esquinas transitadas y exhibir sus mensajes.

Inicialmente pense que sus rótulos y advertencias eran ilegibles, pero me acerqué con cautela al carrito de compras y leí que eran mensajes para lograr su “misión” de denunciar las injusticias y abusos por parte de las autoridades gubernamentales.

De una de nuestras fotos del día desciframos alguno de estos textos que leen en español: “Terremoto fuerte. Dios es mi testigo”‘; “El gobierno de P.R. amenaza con seguir robando más de mi sangre” y “Policía Colón 17850 me rompió mi pierna a propósito el Miér(coles) en la acera”.

Otro aparece su nombre: Anthony Calvin.

“Mi misión es bien clara: cuidar y amar a los demás y llevar este mensaje. Porque si no amo a mi prójimo, a todos, pues entonces no amo a Dios. Mi misión es para Dios sobretodo, y segundo, por los derechos de la mujer y nos niños, porque las mujeres hoy día están siendo maltratadas, ofendidas, le faltan el respeto”, explicó en 2011 al periódico Impacto.

Sin embargo, la misión de Calvin proviene, al parecer, de una amargura muchó más profunda y personal.

“La Policia violó a mi esposa, mis hijos y mis hijas; no me han dado mis derechos para apelar. Yo no he cometido nada en contra de la ley desde hace 27 años y desde que mi esposa fue violada y sodomizada por tres policías que yo creo que deberían estar en la cárcel. Y creo que no estaría en Puerto Rico hoy si no fuera por esto. Estaría en mi país junto con mi familia, pero la Policía hace tremendo trabajo para esconder las cosas”, confesó a Impacto. Calvin, oriundo de San Thomas, aún cree que su esposa e hijos se encuentran secuestrados en Fajardo, según el artículo.

Del aura misteriosa de este caminante lo más enigmático resulta ser: la enorme cruz de madera.

 

“Hay muchas contestaciones sobre esa cruz… la cruz es un símbolo de Jesús y todas las veces que el hombre me viole, lo violan a él y algún día, cuando él se canse, sabes, nadie en la Tierra ha sido más violentado que Dios. Llevo cargando esta cruz desde hace 27 años. No soy cristiano pero tengo que agarrar esa cruz para llevarle el mensaje al mundo sobre Jesús. Prefiero morir y sufrir que hincarme al odio y al gobierno que sigue haciendo daño a la niños y las mujeres”, contó en el reportaje.

Se cubría la cabeza con una bolsa plástica pero su torso estaba desnudo. “No me gusta que la Policía se acerque a mis cosas”, me dijo en inglés incómodo como si yo fuera un oficial. Tampoco le agradó la idea de tomarle una foto. “Don’t go near my business!”, me gritaba.

Hablaba muy rápido, pero sin miedo de ser escuchado. El hombre, de 69 años, insistía que yo era un policía, y quería que me fuera lo más pronto posible, así que me fui.

Según contó a Impacto, recibe donaciones y se alimenta gracias a personas desconocidas o de aquellos que lo han conocido a lo largo de estas tres décadas de peregrinación.

Al igual que otras decenas de personas que viven en nuestras calles, la historia de Calvin es otra de esas que te detienen y mueven a la reflexión.

¿Cuales serán las piezas que faltan de este rompecabezas? ¿Habrá sucedido de verdad la violación? ¿Tendrán sus mensaje algún otro propósito o profecía?

Quizás no tengamos las respuestas o sus historias no sean del todo ciertas, pero nada más cierto que cargan una cruz en sus espaldas a diario.

Escrito por: Edwin Casanova


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