Los "tarjeteros" de Miami expanden sus tentáculos del fraude al resto del país
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aisder Herrera Gargallo y Meylisi Rueda aparentaban ser una pareja normal disfrutando de sus vacaciones y derrochando el dinero en pequeños lujos en la ciudad de Portland, Maine, a más de 1,300 millas de su residencia en Miami. Pero las tarjetas de crédito con las que ellos y sus acompañantes de viaje se estaban dando la buena vida, no eran suyas.

Una investigación policial concluyó que el grupo utilizó tarjetas de débito y crédito clonadas durante junio del 2016 en varias tiendas de la ciudad, como Best Buy, Sears y Walgreens. En la camioneta Jeep Patriot que habían alquilado, agentes encontraron 47 tarjetas diferentes, dos dispositivos para clonar tarjetas (skimmer) y una computadora portátil con información crediticia de varios individuos recolectada desde noviembre del 2015.

El modus operandi de Herrera Gargallo y su grupo es común entre los delincuentes apodados por las autoridades como “tarjeteros”, que se dedican a la clonación de tarjetas de débito o crédito con la instalación de dispositivos especiales en gasolineras o cajeros automáticos.

Fuentes policiales y registros de los tribunales señalan que cada vez más criminales del sur de la Florida se aventuran, ya sea solos o en grupo, a otros estados al norte de Estados Unidos para cometer allí sus fechorías.

Los residentes del sur de la Florida son más precavidos y están más alertas para no caer en este tipo de delito que las personas en otras regiones del país, dijo el detective Marcos Rodríguez, de la Unidad de Delitos Económicos de la Policía de Miami-Dade.

“Como en Miami y Broward hubo una ola de robo de tarjetas de crédito, las personas están más al tanto de las tarjetas [falsas]. Vas a otro estado y son un poco más relajados”, indicó.

La Florida ha sido consistentemente uno de los estados con mayor número de reportes de delitos de robo de identidad, que incluyen la clonación de tarjetas de crédito. Estadísticas de la Comisión Federal de Comercio (FTC) señalan que el “estado del sol” fue el segundo del país con más casos de este tipo durante el 2017, con 31,167 incidentes.

En contraste, la mayoría de las ciudades mencionadas como “blanco” de los “tarjeteros floridanos”, ya sea Maine, West Virginia, Mississippi o Wisconsin, son algunos de los estados con menor número de reportes de robos de identidad del país.

Durante los últimos dos años, casi 40 individuos de la Florida han sido arrestados y enjuiciados en Georgia, Carolina del Norte, Virginia, West Virginia, Alabama, Tennessee, Colorado, Maryland, Utah, Maine, Mississippi, Washington y, especialmente, Ohio y Wisconsin, de acuerdo con las Fiscalías de esos estados.

José Castillo Febles, de 31 años y uno de los acusados junto a Herrera Gargallo, explicó a las autoridades que él y su padre habían decidido ir hasta Maine porque creían que “entre más lejos estuvieran de Miami, menos posibilidad tenían de ser atrapados”. Fueron lo más al norte que pudieron: su arresto se produjo a menos de 200 millas de la frontera con Canadá.
 

La banda de Herrera fue acusada de conspirar para cometer fraude con dispositivos de acceso, fraude, estar en posesión de 15 o más tarjetas de crédito y robo de identidad con agravantes. Herrera y sus cómplices José Castillo Febles y Juan Carlos Febles, padre e hijo, fueron condenados recientemente a entre 32 y 40 meses de prisión, más tres años de libertad condicional. Rueda, la única mujer del grupo, se declaró culpable en noviembre y espera por su condena.

Para el detective Rodríguez la tendencia de estos delincuentes de cometer delitos en otras jurisdicciones no es algo inusual.

“Miami es el ‘gateway’ (puerta de entrada) de las Américas [a Estados Unidos], todos los crímenes entran por aquí y salen a otros lados. Aquí es donde se aprende y se abre luego al país entero”, dijo.

Un negocio de 20 segundos

Tanto en Miami como en el resto del país, el negocio de los llamados “tarjeteros” comienza con la realización de un pequeño dispositivo llamado skimmer que es construido por los mismos delincuentes, con materiales que se compran en tiendas comunes con un presupuesto de menos de $150.

Luego, los criminales se llevan el dispositivo generalmente a una estación de gasolina, abren la bomba elegida (usualmente lejos de los focos de las cámaras de seguridad) y lo instalan en el área interna destinada a las tarjetas bancarias, contó el detective Rodríguez, que resaltó que toda la instalación tarda unos 20 segundos.
 

Y, ¿nadie se da cuenta? Rodríguez dijo que los videos de vigilancia han mostrado a personas colocando dispositivos a plena luz del día y al lado de individuos echando gasolina, sin que nadie preste atención. A veces, los criminales utilizan un van y los testigos creen que es parte de un servicio de mantenimiento.

En varios documentos presentados ante diferentes tribunales del país se detalla como algunas bandas criminales hacen uso de un gran número de personas para colocar sus skimmers: mientras unos distraen al empleado de la estación, otros se dedican a ponerlos en los lugares apropiados.

Rodríguez explicó que instalar los dispositivos resulta fácil porque las llaves que abren las bombas de las gasolineras son universales. “En cualquier momento de la semana, pueden ir inspectores, personal del departamento de Agricultura, de Servicios al consumidor o de compañías privadas que hacen servicios a las máquinas. Con todas las gasolineras que hay, imagínate el llavero que tuvieran que tener”, argumentó.

Una vez colocado el skimmer, el delincuente solo debe esperar a que los consumidores utilicen la máquina y les “regale” así toda la información de su tarjeta de crédito o débito. Cada dispositivo tiene la capacidad de almacenar unos 2,000 números de tarjetas, indicó el detective de Miami-Dade que comentó que en la internet profunda (o dark web) se puede comprar un lote de 10 tarjetas por unos $50.

Aunque las gasolineras son los lugares preferidos por los “tarjeteros”, los dispositivos de clonación de tarjetas se pueden instalar en cualquier máquina por la que se pasa una tarjeta bancaria, como ATMs, estaciones de Redbox, máquinas expendedoras, quioscos de boletos y hasta parquímetros, señaló el periodista investigador Brian Krebs, fundador del portal KrebsonSecurity, dedicado a la cobertura de delincuentes cibernéticos, consultado por el Nuevo Herald.

El detective Rodríguez recordó que hace unos años, estos delincuentes solían proliferar en establecimientos como restaurantes y cafeterías, en los que un empleado toma la tarjeta del cliente para “pasarla” en una sección apartada del negocio. Pero con la llegada de los chips en las tarjetas, esa modalidad ha decaído significativamente, comentó el policía.

Cuando el delincuente retira su skimmer lleno de información de desconocidos, la mayoría de los “tarjeteros” que se quedan en el sur de la Florida suelen usar las tarjetas clonadas para comprar gasolina y luego venderla. Hace una semana, la Policía de Miami-Dade arrestó a una banda de 13 personas por comprar grandes cantidades de gasolina que almacenaban en furgonetas adaptadas con tanques y luego la vendían en el mercado negro por la mitad de lo que cuesta en las estaciones.

En contraste, los delincuentes que viajan a otros estados del país usan las tarjetas clonadas para comprar mercancía con la que llenan sus vehículos y regresan a Miami para venderla.

Eso fue lo que hicieron Isbel Falcón y Ernesto Camacho, de Miami, cuando en junio del 2016 compraron con tarjetas clonadas un collar y un brazalete de oro, valorados en $4,318.27, en una joyería de Ohio, según los documentos presentados ante una corte de ese estado.

La pareja también gastó $1,045.09 de un tienda Best Buy, $334.91 en un Lowe’s y realizaron varias compras en Target por montos cercanos a los $400.

¿Cómo prevenir que le clonen sus tarjetas?

Aunque los departamentos policiales y algunas entidades gubernamentales, como el Servicio Secreto, se dedican agresivamente a combatir a estos delincuentes, los expertos sugieren que cada individuo se esfuerce por no convertirse en una víctima más.

Usar efectivo es la principal recomendación del detective Rodríguez de la Policía de Miami-Dade.

Pero si quiere usar su tarjeta de débito o crédito al llenar el tanque de gasolina de su carro, el agente sugiere entonces que camine hasta la estación y pague directamente al empleado. “Son 15 pasitos que le ahorrarán un problema con su tarjeta”, comentó.

Puede que haya escuchado antes la sugerencia de revisar que las bombas tengan sus calcomanías completas, sin roturas, pero el detective Rodríguez dice que los delincuentes han sabido darle la vuelta a ese truco: le toman fotografías a las calcomanías y pagan para que les hagan unas iguales.

Cuando vaya a un ATM, revise la máquina con detenimiento a ver si encuentra algo raro. También puede intentar halar la sección donde introduce la tarjeta, ya que muchos dispositivos de clonación pueden quitarse fácilmente con un fuerte tirón.

Por su parte, Krebs, el periodista y analista de delitos cibernéticos, sugiere además usar una tarjeta de crédito, en vez de una de débito, cuando se hacen transacciones digitales o en tiendas. “Tener su cuenta de cheques vacía mientras su banco resuelve la situación puede ser una gran molestia y crear problemas secundarios (por ejemplo, cheques sin fondos)”, agregó en un correo electrónico.

Adicionalmente, Krebs reitera que es importante vigilar constantemente sus cuentas bancarias e informar inmediatamente de cualquier cargo o retiro adicional.

Pero si tuvo la mala fortuna de convertirse en víctima de este delito, los expertos indican dos pasos:

▪ Contactar a la compañía bancaria para cancelar su tarjeta.

▪ Reportar el incidente al departamento policial donde le robaron la tarjeta o, si no lo conoce, a la Policía que le corresponda a su residencia. Esto es fundamental porque ayuda a los investigadores a obtener mayor información sobre los delincuentes y sus actividades.

por:elnuevoherald


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