Corea del Sur busca submarinos nucleares con aval de Estados Unidos para reforzar presencia en el Pacífico
Corea del Sur avanza en un ambicioso plan para entrar en la élite global de la defensa submarina, con el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump, en medio de crecientes tensiones militares en el Pacífico. El objetivo: desarrollar submarinos de propulsión nuclear que permitan contrarrestar los movimientos estratégicos de Corea del Norte y China, además de aliviar la carga operativa de la Marina de Estados Unidos en la región.
Si el proyecto se concreta, Seúl se convertiría en el séptimo país del mundo con esta capacidad, uniéndose a Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido e India. Expertos aseguran que la adquisición de submarinos nucleares marcaría un cambio drástico en el equilibrio de poder de la península coreana.
El investigador y exoficial naval Yu Jihoon afirmó que estos buques representan "un cambio radical” para la defensa surcoreana y podrían transformar el papel del país dentro de su alianza con Washington, convirtiéndolo en un proveedor de seguridad más sólido y estratégico.
Los submarinos nucleares, conocidos como SSN, ofrecen ventajas significativas sobre los modelos diésel: pueden navegar sumergidos por largos periodos, son más veloces, silenciosos y capaces de operar a mayores distancias. Sin embargo, la propulsión nuclear está sujeta a rigurosos controles internacionales, y Seúl enfrenta una limitación histórica: un acuerdo con Estados Unidos que le impide reprocesar combustible nuclear gastado, a pesar de tener la tecnología.
El presidente surcoreano Lee Jae Myung sorprendió recientemente al solicitar públicamente a Trump que levante esa restricción. El mandatario estadounidense respondió afirmativamente a través de redes sociales, destacando la necesidad de modernizar la flota surcoreana.
La iniciativa también tendría beneficios industriales y económicos para ambas naciones. Trump mencionó que los submarinos podrían construirse en el astillero de Filadelfia, adquirido por la empresa surcoreana Hanwha, mientras que funcionarios de Seúl insisten en que la construcción se realice localmente para asegurar transferencia tecnológica y fortalecer la industria nacional.
Pero no todo es claro. Expertos señalan desafíos técnicos, políticos y estratégicos que podrían retrasar el proyecto más de una década, incluso si Estados Unidos aprueba el suministro de combustible o la transferencia de tecnología. Además, el plan ha generado inquietud en la región: Corea del Norte calificó el movimiento como una provocación que podría desencadenar una carrera armamentista, mientras China pidió a ambos países actuar con cautela y cumplir con compromisos de no proliferación.
Estados Unidos enfrenta su propio reto. Según cifras del Comando Indo-Pacífico, la Marina estadounidense cuenta con 49 submarinos de ataque, menos de los necesarios para cubrir sus demandas operativas mientras China, Rusia y Corea del Norte continúan expandiendo sus flotas. Para analistas, la incorporación surcoreana al campo nuclear submarino podría aliviar parte de esa presión.
Aunque Corea del Sur ya lanzó recientemente un sofisticado submarino diésel equipado con baterías de iones de litio, considerado uno de los más avanzados del mundo, su Gobierno sostiene que la tecnología nuclear es esencial para reforzar su capacidad defensiva y responder rápidamente a amenazas en la región.
La pregunta ahora es si Seúl logrará superar los obstáculos tecnológicos y diplomáticos para concretar el proyecto. De hacerlo, cambiaría significativamente el mapa estratégico del Indo-Pacífico y redefiniría las alianzas navales del siglo XXI.



